mayo 30, 2017

El Peronismo como Fascismo en el periodo 1943-1955

Notas sobre Estado y Sociedad /8
El Fascismo / 5

 Andrés Salvador

Sanguinetti comparó a Perón con Mussolini

El ex presidente del Uruguay Julio María Sanguinetti comparó al ex presidente argentino Juan Domingo Perón con el dictador italiano Benito Mussolini, al señalar que “había una cierta similitud de origen” entre ambos.
El ex mandatario sostuvo que el peronismo “de alguna manera se emparenta también con el fascismo italiano” que condujo Mussolini desde los años previos hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. “No quiero decir que eran idénticos”, aclaró Sanguinetti sobre los movimientos políticos en cuestión, “sino que había una cierta similitud de origen que luego deviene en situaciones distintas”.
El ex presidente del vecino país consideró que “el error es que ahora cuando se dice fascista se piensa en una dictadura de derecha, pero en aquellos años fue una variante de la izquierda”.
No es la primera vez que se compara al movimiento liderado por Perón con el que condujo en Italia “Il Duce”, puesto que numerosos historiadores han considerado que el ex presidente argentino tomó elementos de propaganda usada por el fascismo.
 
- Diario Popular, Buenos Aires, martes 27 de mayo de 2008, p. 9.


Juan Domingo Peron 1895 - 1974
Afiches peronistas 1946-1955
Descargado de: http://www.elortiba.org/
http://www.elortiba.org/afiches.html
Reproducido parcialmente en Indij, 2011:  48 
Ultima visita: 21/12/2011


1. Introducción

En este trabajo reunimos un conjunto de notas sobre el Peronismo como expresión del Fascismo en el periodo 1943-1955 para lo que se atiende a la posición asumida por el fascismo frente a la separación entre Estado y Sociedad como a su identificación con las ideas de socialismo nacional y tercera posición.


2. Antecedentes

El carácter Fascista del Peronismo como materia de controversia. El carácter fascista del peronismo ha sido materia de controversia desde su formación. En este sentido, al explicar la radical polarización de la opinión publica en las elecciones de febrero de 1946, Ricardo del Barco afirma que el contexto internacional “signado por el fin de la guerra y la derrota del nazi-fascismo y la creciente presión de los EE.UU. sobre la Argentina a propósito de nuestra neutralidad”  [Barco, 1983: 16] “llevó a una marcada polarización ideológica, entre “Nazi-Fascismo” y “Democracia”. Y como en toda polarización, los matices estuvieron ausentes. Términos como “democráticos” y “nazis” se cargaron en la política y en la sociedad de la época, de un contenido altamente emotivo y fueron utilizados como armas de combate para descalificar al adversario o prestigiar las propias posiciones” [Barco, 1983: 16].

Alberto Ciria señala que la llamada “Acción Argentina”, uno de los de los precedentes de la Unión Democrática[1], “había propugnado desde años atrás la unión de los partidos “democráticos” frente al “nazismo” [y] “[a]l identificar algo abusivamente nazismo con peronismo, la exigencia seguía en pie” [Ciria, 1985: 142].

No olvidemos que “quince días antes de la fecha fijada para la elección” y “la victoria de Perón parecía una posibilidad cada vez mayor” el Departamento de Estado de los Estados Unidos “introdujo deliberadamente el problema de las influencias nazifascistas en el régimen argentino” con la  publicación del Blue Book on Argentina [Peterson, 1985: 186] “haciendo públicas las pruebas de que disponía en el sentido de vincular al Coronel Perón y a algunos de sus ayudantes del G.O.U. con el régimen nazi de Alemania” [Ciria, 1985: 145][2].

Sería de particular interés estudiar la identificación del peronismo con el Nacionalsocialismo y el Fascismo en este contexto [3].


Afiches peronistas 1946-1955
Descargado de: http://www.elortiba.org/
http://www.elortiba.org/afiches.html
Reproducido en Indij, 2011: 180 
Ultima visita: 25/12/2011


En la literatura que ha abordado la cuestión, se encuentran quienes afirman que el peronismo es un fascismo, como Seymour Martín Lipset para quien si “se considera al peronismo como una variante del fascismo, es [...]  un fascismo de izquierda” [Lipset, 1964: 155][4] que posee “una ideología del estado fuerte, totalmente similar a la abogada por Mussolini” [Lipset, 1964: 152][5]; Carlos M. Rama sostiene que “entre las experiencias fascistas mundiales se debe incluir al peronismo argentino, realmente el único de los movimientos latinoamericanos que alcanzó el poder político y consiguió el control de un Estado” [Rama, 1979: 18][6]. Para Gino Germani[7]:

“La originalidad del peronismo consiste [...] en ser un fascismo basado en el proletariado y con una oposición democrática representada por las clases medias, circunstancia ésta que hubiera sido considerada absurda por los observadores europeos hace un cuarto de siglo.” [Germani, 1979: 336 nota 5][8].

Entre los que niegan que el peronismo sea un fascismo están Peter Waldmann,  quien afirma que si bien:

 “Es indudable que la persona y el estilo de gobierno de Mussolini ejercieron una considerable influencia sobre Perón e imprimieron a su gobierno características que provienen innegablemente del modelo italiano. Sin embargo, no debe sobrestimarse la influencia de éste u otro sistema fascista europeo sobre el peronismo” [Waldmann, 1985: 52-53][9].

Renzo De Felice entiende que “es inaceptable que se hable de fascismo [...] a propósito del peronismo argentino, que sin embargo podría ser el más parecido” [Felice, 1979: 102]. Ciria considera poco convincentes las opiniones “que para analizar el ‘peronismo’ proponen asimilaciones fundamentales [...] con movimientos totalitarios de Europa” [Ciria, 1985: 362][10].

José Enrique Miguens[11] que estudia lo que llama las acusaciones hechas al fenómeno social del peronismo y de su concreción política “de ser nazis, fascistas y antidemocráticos”, considera estas  como “deformaciones tendenciosas y sectarias” [Miguens, 1988: 20]; en tanto que Cristián Buchrucker[12], termina por ubicar al peronismo en la categoría de “populismo autoritario” [Buchrucker, 1999: 397].

3. Desarrollo

Concepto de Fascismo en este examen. En este trabajo partimos del concepto de Fascismo conforme lo establecimos en El concepto de Fascismo en el contexto de la separación de Estado y Sociedad [Corrientes, 2011].


Afiches peronistas 1946-1955
Descargado de: http://www.elortiba.org/
http://www.elortiba.org/afiches.html
Ultima visita: 25/12/2011


El Justicialismo como Fascismo. Independientemente de la relación material que Perón pudiera tener con el gobierno alemán Nacionalsocialista - cuestión esta en la que hay que reparar en la tarea de desinformación o propaganda negra británica[13] - o la admiración que pudiera experimentar por Mussolini, lo que debe notarse en el examen de la cuestión es que el Justicialismo, sin ser una reproducción mecánica de los fascismos europeos, tiende como estos a identificar al Estado con la Sociedad.

Es el propio Perón el que afirma la relación del justicialismo con el fascismo para lo que recurre a dos conceptos: Socialismo nacional y Tercera posición:

“Me ubiqué en Italia, entonces. Y allí estaba sucediendo una cosa: se estaba haciendo un experimento. Era el primer socialismo nacional que aparecía en el mundo. No entro a juzgar los medios de ejecución, que podrían ser defectuosos. Pero lo importante es esto: un mundo ya dividido en imperialismos, ya flotantes, y un tercero en discordia que dice: “No, ni con unos ni con otros, nosotros somos socialistas, pero socialistas nacionales”. Era una tercera posición entre el socialismo soviético y el capitalismo yanqui” [Luna, 1969: 74-75].



Afiches peronistas 1946-1955
Descargado de: http://www.elortiba.org/
http://www.elortiba.org/afiches.html
Ultima visita: 25/12/2011


Socialismo nacional, Tercera posición y Fascismo. En su libro La hora de los pueblos [1982], Perón identifica expresamente el Fascismo con dos conceptos:

  1. Socialismo nacional:

“Las ideologías encontradas habían perdido su importancia desde que los capitalistas y los comunistas se habían coaligado para aplastar al “tercero en discordia”, representado por Italia y Alemania. Desaparecía así toda posibilidad momentánea de un socialismo nacional y no quedaba, en consecuencia, como tendencias ideológicas, sino el capitalismo y el comunismo.” [Perón, 1982: 174][14].

  1. Tercera posición:

 “La fuerza que había aplastado al socialismo nacional naciente en la Europa de preguerra, no había podido sin embargo impedir que otros socialismos nacionales surgieran en el mundo, impuestos por una evolución indetenible y es así que, dentro del esquema de entonces, surge una “tercera posición” tan distante de uno como de otro imperialismo.” [Perón, 1982: 174].


Afiches peronistas 1946-1955
Descargado de: http://www.elortiba.org/
http://www.elortiba.org/afiches.html
Reproducido en Indij, 2011: 181 
Ultima visita: 25/12/2011


Socialismo nacional, Tercera posición y Justicialismo. También en La hora de los pueblos [1982] Perón  establece la correspondencia entre Justicialismo y Socialismo Nacional [= Tercera posición (Luna, 1969: 75)]:

“En nuestro país, ese grupo de jóvenes coroneles, ya en 1943, adelantándose previsoramente a cuanto había de ocurrir en los veinte años subsiguientes, concibió la Revolución Justicialista, destinada a cumplir los mismos fines: encarar una reforma incruenta que, sin violencias inútiles, transformara la comunidad argentina, abiertamente liberal, capitalista y burguesa  por imposición de sus metrópolis, en un socialismo nacional cristiano más a tono con las formas que el mundo comenzaba a vivir. Ese es el punto de partida del Movimiento Justicialista.” [Perón, 1982: 174].

Un interesante testimonio sobre la identificación entre Socialismo nacional, Tercera posición y Justicialismo es el de Juan José Güiraldes quien, al referirse al movimiento del 4 de junio de 1943, afirma:

“Y aparece eso que todavía influye en nuestros días en muchos compatriotas, el que ante el eventual fracaso del capitalismo –para llamarlo con el nombre que le pone Marx-,  las clases menos pudientes, llevadas por la desesperación, buscan soluciones que son remedios peores que los males./ Es evidente que con esto, después, en nuestro país, como consecuencia de algo a lo que no era totalmente ajeno el 4 de junio de 1943, es por donde aparece Perón, y esto era la “tercera posición”, es decir, ni comunismo ni capitalismo… nacional-socialismo.” [Güiraldes,1983: 64] [15].


Afiches peronistas 1946-1955
Descargado de: http://www.elortiba.org/
http://www.elortiba.org/afiches.html
Reproducido en Indij, 2011: 178 
Ultima visita: 25/12/2011


Estado, Sociedad, Movimiento y Líder. En la identificación del Estado [por via del Partido Peronista que expresa al Movimiento (Peronista) cuya columna vertebral son los Trabajadores] con la Sociedad [entendida como Comunidad Organizada] que intenta el Justicialismo, debe atenderse al uso que en relación a ello se hace de la idea de Movimiento y de la figura del Lider:

“En la tradición peronista, el movimiento (el movimiento peronista) significa la integración del pueblo al Estado, efectuada por la mediación simbólica del general Perón y también de su esposa Eva Perón con el fin de conquistar una auténtica autonomía nacional” [Bunuel, 1992: 128].

Es por ello que, como explican Ines Dussel y Pablo Pineau, en el peronismo:

“En cierta forma, el emisor y el receptor es el mismo, ya que el primero se identifica con el pueblo organizado con acceso al aparato del Estado, representado en la figura del Líder, y el segundo con las masas obreras o descamisadas.” [Dussel – Pineau, 1995: 126].



Afiches peronistas 1946-1955
Descargado de: http://www.elortiba.org/
http://www.elortiba.org/afiches.html
Ultima visita: 25/12/2011


Socialismo y lucha de clase en el Fascismo y en el Justicialismo. Al estudiar el uso del término Socialismo en relación al fascismo, observemos que este, como sostiene Mussolini en su articulo de la Enciclopedia Italiana, recusa la existencia de una  lucha de clase invariable y permanente, así como que esta pueda ser la fuerza preponderante en la transformación de la sociedad [Sabine, 1982: 641], de forma análoga, Carlos Berraz Montyn, en su Ensayo sobre las Verdades Fundamentales del Justicialismo [1951] escribía sobre este asunto que desde esta perspectiva:

 “Es preciso recordar muy puntualmente que la lucha de clases no debe considerarse sino como  estado anormal de la sociedad; lo bien regido es incompatible con semejantes estados de hecho, que suponen desorden y desequilibrio, por lo cual los gobernantes prudentes y bien inspirados deben poner su primer cuidado en remover toda causa perturbadora de la paz social y esto se consigue mediante la justicia y la igualdad.”

 Seguidamente Berraz Montyn cita un discurso de Perón del 9 de abril de 1949 en que este afirma:

“La lucha de clases no puede ser considerada hoy en ese aspecto que ensombrece toda esperanza de fraternidad humana. En el mundo, sin llegar a soluciones de violencia, gana terreno la persuasión de que la colaboración social y la dignificación de la humanidad constituyen hechos no tan sólo deseables cuanto inexorables. La llamada lucha de clases, como tal, se encuentra en un plano de superación. Esto, en parte, era un hecho presumido. La situación de lucha es inestable, vive de su propio caldo, consumiéndose hasta obtener una decisión. Las llamadas clases dirigentes de épocas anteriores no podían sustraerse al hecho poco dudoso de sus crisis. La humanidad tenia que evolucionar forzosamente hacia nuevas concepciones vitales y lo ha hecho” [Berraz Montyn, 1951: 73].


Afiches peronistas 1946-1955
Descargado de: http://www.elortiba.org/
http://www.elortiba.org/afiches.html
Ultima visita: 25/12/2011

Bibliografía

Barco, Ricardo del   1983:  
Del gobierno militar al régimen peronista (1943 - 1955).
en: AA.VV. 1943-1982 Historia política Argentina.
Buenos Aires, ed. de Belgrano, 1983.

Berraz Montyn, Carlos   1951:
Ensayo sobre las Verdades Fundamentales del Justicialismo.
Santa Fé, ed. Imprenta de la Provincia, 1951.

Buchrucker, Cristián   1999:    
Nacionalismo y Peronismo.
Buenos Aires, ed. Sudamericana, 1999.

Bunuel, Jean   1992:  
Pactos y Agresiones – El sindicalismo Argentino ante el desafío neoliberal.
Buenos Aires, ed. Fondo de Cultura Económica, trad. cast. de Beatriz Cagnolati, 1992.

Ciria, Alberto   1985:   
Partidos y poder en la Argentina moderna (1930-1946).
Buenos Aires, ed. Hyspamerica, 1985.

Dussel, I. y Pineau, P.   1995:   
De cuando la clase obrera entró al paraíso: La educación técnica estatal en el primer peronismo.
en: Puiggrós, Adriana [Dirección]
Discursos pedagógicos e imaginario social en el peronismo (1945-1955).
Buenos Aires, ed. Galerna, 1995. pp. 107-173.

Felice, Renzo De   1979:  
Entrevista sobre el fascismo con Michael A. Ledeen.
Buenos Aires, ed. Sudamericana, trad. cast. de Ada Korn, 1979.

Germani, Gino   1979:   
Política y sociedad en una época de transición.
Buenos Aires, ed. Paidos, 1979.

Güiraldes,  Juan José   1983:    
4 de Junio: golpe preventivo y semilla del peronismo.
en: Todo es Historia, Año XVII, Nº 193,  Junio de 1983, pp. 62-65.

Hernandez Arregui, Juan José   1959:     
Intervención.
en: Versión taquigráfica del Ciclo de Mesas Redondas sobre temas políticos organizado por el Instituto de Extensión Universitaria de la Facultad de Derecho y el Centro de derecho y Ciencias Sociales (F.U.B.A.).
Tres Revoluciones (Los últimos veintiocho años).
Buenos Aires, ed. Emilio Perrot, 1959.

Hervás, Ramón [Selección]   1996:    
José Antonio – Textos Revolucionarios.
Barcelona, ed. 29, 1996. 

Indij, Guido   2011:
Perón Mediante - Gráfica peronista del periodo clásico.
Buenos Aires, ed. La marca, 2011.

Leal, Alberto Ramón   1974:   
Nacionalismo y populismo.
en: Asociación Argentina de Ciencia Política
Las fuerzas políticas y las luchas por el poder.
Buenos Aires, ed. Plus Ultra, 1974, pp. 189-209.

Lipset, Seymour Martín   1964:   
El hombre político.
Buenos Aires, ed. Eudeba, trad. cast. de Elías Mendelievich, 1964.

Locchi, Giorgio   1991:  
La esencia del fascismo.
Buenos Aires, ed. Tizona, 1991.

Luna, Felix   1969:  
El 45.
Buenos Aires, ed. Jorge Alvarez, 1969.

Miguens, José Enrique   1988:  
Actualización de la identidad Justicialista.
en: Miguens, J. E. -  Turner, F. C. [Compiladores]
Racionalidad del peronismo.
Buenos Aires, ed. Planeta, 1988.

Nadra, Fernando   1971:   
Perón y la Unión Democrática
en: Nueva Era, Año XXII, Nº 6, Julio de 1971, pp. 13-31.

Page, Joseph A.   1984:  
Perón – Primera Parte (1895-1952).
Buenos Aires, ed. Circulo de Lectores, trad. cast. de Martha Gil Montero, 1984.

Perón, Juan Domingo   1982:  
La hora de los pueblos.
Buenos Aires, ed. Colección Línea Nacional, 1985.

Peterson, Harold F.   1985:  
La Argentina y los Estados Unidos - II. 1914-1960.
Buenos Aires, ed. Hyspamerica, trad. cast. de Patricio Canto y Denise Rivero, 1985.

Rama, Carlos M.   1979:
La ideologia fascista.
Barcelona, ed. Jucar, 1979.

Sabine, George H.   1982:  
Historia de la Teoría Política.
México, ed. Fondo de Cultura Económica, trad. cast. de Vicente Herrero, 1982.

Waldmann, Peter   1985:  
El peronismo 1943-1955.

Buenos Aires, ed. Hyspamerica, trad. cast. de Nélida Nendilaharzu de Machain, 1985.


Afiches peronistas 1946-1955
Descargado de: http://www.elortiba.org/
http://www.elortiba.org/afiches.html
Reproducido en Indij, 2011: 179
Ultima visita: 25/12/2011

[1] Explica Miguens que los grupos tan disímiles que integraban la Unión Democrática pretendieron “reproducir aquí en la Argentina la alianza bélica de conveniencia de las grandes potencias mundiales, entre plutocracia y comunismo, viéndose ellos fantasmalmente como heroicos luchadores contra un imaginario nazi-nipo-fascismo local” [Miguens, 1988: 19]; sobre esto y en una interpretación marxista de la participación en ella del Partido Comunista, Fernando Nadra escribe:

“Mientras en el mundo el nazi fascismo firmaba su rendición incondicional, después que el Ejercito Soviético clavó la bandera roja en lo alto del Reichstag, en la Argentina tenía lugar aún un episodio de la lucha antifascista./ Debido al combate antifascista de nuestra clase obrera y de nuestro pueblo, y en buena medida gracias a la decisión y al gigantesco trabajo desplegado por nuestro partido, inspirado en su Xº Congreso, se llegó a constituir el movimiento o alianza democrática y antifascista, llamado Unión Democrática, no sin haber librado una ardua lucha ideológico-política. Y aunque sólo se logró un acuerdo electoral, con él había que enfrentar a las fuerzas profascistas, ahora encubiertas con la máscara obrerista, en lo que tampoco se diferenciaban mucho de Hitler y Mussolini./ Así eran las cosas, crudamente planteadas, en 1945.” [Nadra, 1971: 22].

Como observa Ernestina Garrido la Unión Democrática fue un:

“verdadero Yalta vernáculo donde convergieron desde el entonces embajador norteamericano Braden hasta el Partido Comunista” [Locchi, 1991: 8].

En relación al antifascismo de la Unión Democrática escribe  Juan José Hernandez Arregui:

“Y así, mientras el 17 de octubre de 1945, el pueblo anónimo y revolucionario se movilizaba en la lucha antiimperialista, contra él se agrupaban en la Unión Democrática, al grito de ¡Viva Braden!, las fuerzas de la oligarquía, del imperialismo y de los partidos políticos en descomposición, enmarcando su antifascismo teórico con insultos al proletariado argentino que salía a la calle con formidable decisión histórica. Esos demócratas eran mas antifascistas que Winston Churchill, quien en alguna oportunidad le confeso a Mussolini: “De ser yo italiano, Duce, puede estar seguro que también sería fascista. Tales partidos democráticos, mientras el pueblo argentino se enfrentaba con el imperialismo, pidieron –hecho único en la historia- la “intervención armada extranjera”. Y esto es también verdad para vergüenza de una época.” [Hernandez Arregui, 1959: 60].

[2] Ciria cita aquí a Edmund Smith Jr., Diplomacia yanqui (Intervención de los Estados Unidos en la Argentina), trad. de Amelia Aguado, Buenos Aires, Palestra, 1965, p.156 (Ciria, 1985: 152 nota 95).

[3] En este sentido es instructiva la obra de Joseph A.Page, Perón – Primera Parte (1895-1952) [1984], en particular el capitulo titulado <El estigma Nazi-fascista> [pp.107-112].

[4] Sobre el concepto de izquierda en este autor y su  empleo en relación al fascismo peronista cf. Lipset, 1964: 155 nota 76.

[5] Véase de este autor <Peronismo: El “Fascismo” de la clase baja> en Lipset, 1964: 152-155; señala Lipset que  “Debería destacarse que a veces Perón aceptaba su vinculo con el fascismo y ensalzaba a Hitler y a Mussolini.” [Lipset, 1964: 152 nota 68].

6] Según Alberto Ramón Leal, Peter Worsley en El concepto de Populismo, al describir los rasgos fundamentales del populismo, concepto que aplica al peronismo y al “getulismo” de Vargas, entiende que:

 “Las experiencias y doctrinas fascista fueron imitadas a través de programas de bienestar social (políticamente capitalizados por Evita, esposa de Perón), de la seudo participación popular (siempre la comunicación es en un solo sentido) a través del contacto masivo con el líder, en reuniones gigantescas, y la organización de las masas trabajadoras en sindicatos autoritarios, dirigidos por agentes del partido dominante. Ciertos rasgos de violencia y ataque permanente a las libertades públicas de la oposición, acentúan el parentesco de estos populismos de derecha con el fascismo. El anticomunismo simultaneo con el proclamado antiimperialismo, contribuye a fijar la “tercera posición” que a veces declararon o practicaron, en apariencia, estos movimientos.” [Leal, 1974: 196].

[7] Cf. <La seudosolución totalitaria y el caso argentino> en Germani, 1979: 335-353.

[8] Anotemos que remiten a Germani: Lipset, 1964: 153 nota 70 [120 nota 8];  Ciria, 1985: 367 nota 54 y De Felice, 1979: 102 nota 38.

[9] Según Waldmann “[e]sto se aplica tanto al fascismo italiano y al nacionalsocialismo, como también a las formas de Estado autoritario desarrolladas en la Península Ibérica” [Waldmann, 1985: 98 nota 6]; refiriéndose al principio del líder como una de las ideas rectoras del peronismo escribe “Tal principio es destacado como rasgo característico del gobierno peronista, sobre todo por aquellos autores que han visto en éste una variante del fascismo o -lo que es menos frecuente- del nacionalsocialismo.”  [Waldmann, 1985: 52], señalando en nota a estos autores: Reynaldo Pastor, Frente al totalitarismo peronista, Buenos Aires, 1959; Raúl Damonte Taborda, Ayer fue San Perón, Buenos Aires, 1955; Armando  Alonso Piñeiro, La Dictadura peronista, Buenos Aires, 1955; Ezequiel Martínez Estrada, ¿Qué es esto? Catalinaria, Buenos Aires, 1956;  Américo Ghioldi, De la Tiranía a la Democracia Social, Buenos Aires, 1956 y Silvano Santander, Técnica de una Traición, Juan D. Perón y Eva Duarte Agentes del Nazismo en la Argentina, Buenos Aires, 1955 [Waldmann, 1985: 98 nota 5].

Señalemos que Felix Luna califica al libro de Silvano Santander [edición de Montevideo, 1953] como uno “por momentos delirante” y nos informa de una respuesta de Carlos von der Becke titulada Destrucción de una infamia [Buenos Aires, 1956] [Luna, 1969: 71 nota 8].

[10] Sobre el peronismo como movimiento de masas parecido al fascismo y el cuestionamiento de esta “visión simplista” cf. Ciria, 1985: 367 nota 53.

11] Cf. <Deformaciones tendenciosas del fenómeno peronista> en Miguens, 1988: 18-47.

[12] Cf. <Peronismo y Fascismo> en Buchrucker, 1999: 392-399.

[13] Escribe Page:

“Los rumores sobre la llamada fortuna de Perón rastrean los orígenes de su acumulación de riquezas hasta el dinero que él y Evita supuestamente ganaron vendiendo pasaportes. Un articulo reciente, por el contrario, informa que las historias de que los altos jefes nazis convirtieron sus fortunas en oro y se fugaron de Europa en submarinos en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial tendrían origen en una campaña británica de desinformación o “propaganda negra”, destinada a convencer a los soldados y civiles alemanes de que sus líderes  los estaban abandonando.” [Page, 1984: 110].

El articulo citado es de R. Newton, “Indifferent Sanctuary: German-Speaking Refugees and Exiles in Argentina, 1933-1945”, Journal of Inter-American Studies and World Affaire, Vol. 24, noviembre 1982, p. 395 [Page, 1984: 324 nota 10].

[14] José Antonio Primo de Rivera establece la identificación  Fascismo = Socialismo Nacional cuando refiriéndose a Azaña expresa:

“¡Qué lástima! Un hombre capaz de emocionarse, de exaltarse así, con verdadera elocuencia cuando habla de la grandeza de España, mientras esos otros energúmenos que le rodean sólo piensan en su destrucción y en su hundimiento, debería tener la consecuencia y el valor de tirar por la borda todos los lastres de plebeyez y de vulgaridad demagógicas. ¡Qué lástima!, porque él sería el jefe natural de un fascismo español, de un socialismo nacional, que nos ahorraría toda la sangre y los sacrificios que han de venir. Y cuánto más cómodo le resultaría a él que a mi, puesto que tiene de un modo inmediato lo que a mí me falta; yo para las masas seguiré siendo, aún por mucho tiempo, un señoriíto, el hijo del dictador” [Hervás, 1996: 16].

[15] Mas adelante agrega Güiraldes:

 “Yo creo que todo el error del peronismo es haber querido adoptar un esquema que pareció, en algún momento, que podía ser una solución en el mundo y que después no solamente fracasa en su lugar de origen, sino que fracasa bélicamente, es derrotado.” [Güiraldes, 1983: 64].


mayo 26, 2017

El Fascismo histórico ante la dicotomía Estado-Sociedad

Notas sobre Estado y Sociedad / 6
El Fascismo / 3 

 Andrés Salvador

No me hago falsas ilusiones afirmando que la Idea fascista será la Idea del siglo XX. Un eclipse de un lustro, incluso de diez años, no tiene ninguna importancia. Son los acontecimientos, en parte, y los hombres, por su debilidad, quienes provocan hoy día este eclipse. Pero no se puede volver atrás. La Historia me dará la razón. [...] Un joven, un puro, encontrará otros nuevos, audaces y dignos de seguir nuestros postulados de 1919 y los puntos de Verona de 1943. El pueblo abrirá entonces los ojos y él mismo decidirá el triunfo de estas ideas.                             

- Benito Mussolini, Testamento político, edición patrocinada por: Associazione Culturale Uno Dicembre 1943 (Perugia - Italia) y Ediciones Nueva Republica (Barcelona - España), 2000.


Benito Mussolini
Philip Alexius de László, 1923
http://www.delaszloarchivetrust.com/index.php?cid=galery&id=197
Ultima visita: 21/12/2011


En este trabajo examinamos la respuesta teórica del Fascismo histórico ante la dicotomia Estado-Sociedad, en el marco del estudio de los conceptos de Estado y Sociedad que iniciamos en El estado y las Categorías Políticas Preestatales [ITGD, Corrientes, 2001], La separación entre el Estado y la Sociedad y el desdoblamiento entre lo Publico y lo Privado [ITGD, Corrientes, 2001],  Socialismo y Anarquismo [ITGD, Corrientes, 2001], Variedad de interpretaciones del concepto de Fascismo y observación critica de las mismas [Corrientes, 2011], y El concepto de Fascismo en el contexto de la separación de Estado y Sociedad [Corrientes, 2011].


El Fascismo. El fascismo supuso un modo de afrontar la dicotomía Estado-Sociedad y las consecuencias emergentes de ella:


“Hoy afirmo que el fascismo considerado como idea, doctrina, realización, es universal: italiano, en sus instituciones particulares, es universal en su espíritu, y no podría ser de otro modo. El espíritu, por su misma naturaleza, es universal. Por tanto, se puede prever una Europa fascista, una Europa que se inspire, en sus instituciones de las doctrinas, de la practica del fascismo, es decir una Europa que resuelva en un sentido fascista el problema del Estado moderno, del Estado del siglo XX, muy diferente de los Estados que existían en 1789 o que se formaron en seguida. El fascismo responde hoy a las necesidades de carácter universal. Resuelve, en efecto, el triple problema de las relaciones entre el Estado y el individuo, entre el Estado y las agrupaciones y entre agrupaciones y agrupaciones organizadas.” [Mussolini, 1933: 40].

Identificación de la Sociedad con la Nación. En el fascismo la sociedad se identifica con la Nación la que no es considerada como en el liberalismo una simple suma de individuos [Manoilesco, 1938: 100] sino que es entendida como un complejo de fuerzas políticas y morales [Mussolini, 1984: 109] integrado por individuos cuyos intereses son contrapuestos [Mussolini, 1984: 167].


Manifesto del Fasci italiani di combattimento, publicado por "Il Popolo d'Italia" el 6 de junio de 1919
http://it.wikisource.org/wiki/Manifesto_dei_Fasci_italiani_di_combattimento,_pubblicato_su_%2
2Il_Popolo_d%27Italia%22_del_6_giugno_1919
Ultima visita: 19/12/2011

Identificación de la Nación con el Estado. La Nación es identificada por el fascismo con el  Estado [Mussolini, 1984: 205]:

“Nosotros queremos unificar la nación en el Estado soberano, que está por encima de todos y quizá contra todos, porque representa la continuidad moral de la nación en la historia. Sin el Estado, la nación no existe; no hay más que agregados humanos, susceptibles de todas las desintegraciones que la historia les puede infligir.” [Mussolini, 1933: 48].

Ambos términos no pueden diferenciarse pues se trata de una misma realidad y el Estado no es más que la forma jurídica que reviste [encarna] la Nación [Llerena Amadeo - Ventura, 1984: 178; Mussolini, 1984: 205 ]; como explica Jacques Ploncard  D'assac:

“Mussolini no deja ninguna brecha: el Estado, para él, es el intérprete único y supremo de las necesidades de la sociedad. El pueblo es el cuerpo del Estado y el Estado es el espíritu del pueblo. En la concepción fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo.” [Ploncard  D'assac, 1980: 128][1].

En otros términos, para el fascismo no hay:

“Ni individuos, ni grupos [partidos políticos, asociaciones, sindicatos, clases] fuera del Estado.” [Mussolini, 1933: 13].

Un Estado que:

“se levanta por encima de los intereses opuestos de los individuos y de los grupos, para coordinarlos hacia un fin superior” [Mussolini, 1933: 47][2].


Benito Mussolini, attorniato dai gerarchi fascisti, in visita a Milano
(città natale del fascismo), nel maggio 1930
Deutsches Bundesarchiv (German Federal Archive), Bild 102-09843
http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Bundesarchiv_Bild_102-09843,_Mussolini_in_Mailand.jpg
Ultima visita: 21/12/2011

El Individuo en el FascismoEl fascismo no concibe:

“un individuo fuera del Estado, sino el individuo salvaje, que no puede reivindicar más que la soledad y las arenas del desierto.” [Mussolini, 1933: 44-45].

Por lo que la concepción fascista es antiindividualista [Mussolini, 1933: 12] en tanto el individuo sea entendido conforme el liberalismo clásico como un fantoche abstracto [Mussolini, 1933: 12] y no como hombre real [Mussolini, 1933: 12][3]:

“El fascismo es una concepción histórica en la cual el hombre no es sino en función del proceso espiritual al cual concurre, en el grupo familiar y social, en la nación y en la historia en que colaboran todas las naciones. De aquí el alto valor de la tradición en las memorias, en el idioma, en las costumbres, en las leyes de la vida social. Fuera de la historia, el hombre es nada.” [Mussolini, 1933: 11].

En consecuencia [y esto es algo que explica su reacusación de las doctrinas democráticas, cuestión que examinamos  mas adelante] el fascismo no puede desconocer:

“la desigualdad irremediable, fecunda y benéfica de los hombres, que no pueden volverse iguales por un hecho mecánico y extrínseco, tal como el sufragio universal.” [Mussolini, 1933: 11].

Así entendido [como hombre real], el individuo solo es libre en el Estado [Mussolini, 1933: 12]:

“En nuestro Estado no falta la libertad al individuo. La tiene en mayor grado que el hombre aislado; puesto que el Estado lo protege, es una parte del Estado. El hombre aislado carece de defensa.” [Mussolini, 1933: 46]

  
La battaglia del grano
http://www.ilduce.net/Foto%20Duce/Galleria%20Benito%20Mussolini/6.jpg
Ultima visita: 23/12/2011


La libertad en el fascismo. El fascismo entiende a las libertades como libertades concretas [libertades autenticas [Mussolini, 1984: 268] no como libertades abstractas [metafísica, absoluta, liberal [Mussolini, 1984: 268]:


“Existen libertades, ¡pero la libertad no ha existido nunca!” [Mussolini, 1984: 264].

En orden a esto:

“... El Gobierno Fascista ha devuelto al pueblo italiano las libertades esenciales que estaban en peligro cuando no perdidas: la de trabajar, la de poseer, la de exaltar la victoria y los sacrificios que ha impuesto, la de tener consciencia de uno mismo y de su propio destino, la de sentirse un pueblo fuerte y no un simple satélite de la codicia y de la demagogia ajenas.” [Mussolini, 1984: 268].

Concepción totalitaria del Estado fascista. La identificación de la Nación con el Estado lleva a presentar al Estado fascista como totalitario:

“En efecto, para el fascista, todo está en el Estado y nada humano ni espiritual existe y a fortiori nada tiene valor fuera del Estado. En este sentido el fascismo es totalitario, y el Estado fascista, síntesis y unidad de todo valor, interpreta, desarrolla y domina toda la vida del pueblo” [Mussolini, 1933: 19].

Como el termino totalitario presenta actualmente una carga emotiva negativa[4]  conviene atender, al examinar este carácter del Estado fascista, a algunas observaciones que formula Ploncard  D'assac sobre la relación Estado - Individuo en este contexto :

“Así, para el fascismo, el dualismo Individuo-Estado, que obsesiona a todos los legisladores, se resuelve por la absorción del individuo en el Estado. Es preciso aún observar cómo entiende esto.
«El individuo en el Estado fascista —dice Mussolini— no es anulado, sino más bien multiplicado, al igual que en un regimiento un soldado no es disminuido, sino multiplicado por el número de sus compañeros de armas. El Estado fascista organiza la nación, pero deja, sin embargo, a los individuos un margen suficiente; ha limitado las libertades inútiles o perjudiciales, pero ha conservado las libertades esenciales.»
Pero agrega sin hipocresía: «En este aspecto, sólo el Estado es juez y no el individuo.»
¿Es esto, pues, la tiranía? No, responde Mussolini:
«Un Estado que se apoya sobre millones de individuos que le reconocen, lo sienten y están dispuestos a servirle, no es el Estado tiránico del señor de la Edad Media. No tiene nada de común con los Estados absolutistas anteriores o posteriores a 1789... Un partido que gobierna una nación totalitariamente es un hecho nuevo en la historia. Las aproximaciones y las comparaciones son imposibles.» [Ploncard  D'assac, 1980: 127-128].


Benito Mussolini saluta una parata della "Gioventù fascista" di fronte al Colosseo, nel 1931
Deutsches Bundesarchiv (German Federal Archive), Bild 102-12292
http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Bundesarchiv_Bild_102-12292,_Rom,_Ansprache_Mussolinis_an_die_Jugend.jpg
Ultima visita: 21/12/2011

El Estado fascista como Estado Ético. Para el fascismo, al Estado:

“No se puede, [...] limitarlo a puras funciones de orden y protección, como pretendía el liberalismo. No es un simple mecanismo que limita la esfera de las llamadas libertades individuales.” [Mussolini, 1933: 15-16].

Por lo que el fascismo

“Ha reivindicado, contra todos los particularismos de clases y de categorías, el valor ético del Estado” [Mussolini, 1933: 45].

El Estado fascista es entendido como un Estado ético, ya que mientras:

“El Estado liberal no dirige el funcionamiento y el desarrollo material y espiritual de las colectividades, sino que se limita a registrar los resultados. El Estado fascista es consciente, tiene una voluntad y es por eso que está calificado de Estado “ético”. En 1929, decía yo en la primera asamblea quinquenal del régimen: “Para el fascismo, el Estado no es el vigilante nocturno que no se ocupa más que de la seguridad personal de los ciudadanos. Tampoco es una organización con fines puramente materiales, como, por ejemplo, garantizar cierto bienestar y relaciones sociales relativamente pacíficas, para lo cual bastaría un Consejo de Administración. No es tampoco una creación de política pura, sin contacto con la realidad material y compleja de la vida de los individuos y la de los pueblos. El Estado, tal como lo concibe el fascismo y lo realiza, es un hecho espiritual y moral, porque concreta la organización política, jurídica y económica de la nación, y esta organización en su génesis y en su desarrollo es una manifestación del espíritu. El Estado es el garantizador de la seguridad interior y exterior, pero es también el guardián y el trasmisor del espíritu del pueblo, tal como está formado en el curso de los siglos en el idioma, en las costumbres y en la fe.” [Mussolini, 1933: 32-33].

El Estado como <<sistema de jerarquias>>. El fascismo:

“es contrario a todas las abstracciones individualistas, con base materialista, género siglo XIX” [Mussolini, 1933:11].

Ello hace que atienda a las diferencias materiales que se presentan en el plano social y a su proyección en el plano político:

“A partir de entonces, si no hay diferencias entre el pueblo y el Estado, si el Estado no es, en suma, más que el pueblo organizado, en realidad sólo es un «sistema de jerarquías».
El Estado, en efecto —confiesa Mussolini—, es en su origen un sistema de jerarquías.” [Ploncard  D'assac, 1980: 129].

Precisamente en el fascismo:

“Acaso la más fundamental de las novedades sea el concepto de jerarquía que lo caracteriza. Mientras el Estado liberal debe tender a “horizontalizarse” en cuanto masa humana, el Estado totalitario debe necesariamente construirse “verticalmente” para subsistir. A la extremidad superior de una hipotética pirámide, le llamaremos “jefe”; a la base, la “masa” llana. Entre el vértice y la base se escalonarán sucesivamente las jerarquías.” [Ferrero, 1941: 116].

Según Ploncard  D'assac la:

“visión de la historia considerada como una sucesión de jerarquías que agotan, alternativamente, su capacidad, su fuerza, su actualidad, merece ser examinada con atención. Hasta 1789, las sociedades europeas se caracterizaron, en efecto, por un sistema de jerarquías. A partir de 1789, la revolución fundamental que se opera en la sociedad política es la negación del principio jerárquico. La sociedad política no es ya un cuerpo con partes diferenciadas, ordenadas, jerarquizadas en razón de su función; es una masa anónima, una «voluntad general» donde cada individuo es igual en derechos y en poderes a su vecino por la sola razón de que es un ciudadano, cualesquiera que sean sus capacidades.” [Ploncard  D'assac, 1980: 130-131].

La idea de el Estado como «sistema de jerarquías» implica que la crisis de las jerarquías sea la crisis del Estado y explica  que el propósito del fascismo sea el de dar autenticidad o sustituir a las jerarquías [Mussolini, 1984: 208].


Edmondo Rossoni in Piazza del Popolo a Roma annuncia la promulgazione della Carta del Lavoro (1927)
http://it.wikipedia.org/wiki/
File:Edmondo_Rossoni_in_Piazza_del_Popolo_a_Roma_annuncia_la_promulgazione_della_Carta_del_Lavoro.jpg
Ultima visita: 21/12/2011
 
El Estado fascista y el papel del Partido y la Corporación. El carácter ético del Estado y su concepción como «sistema de jerarquías» nos remite al papel del Partido y la Corporación en la identificación del pueblo con el Estado:

“Los instrumentos con los cuales esta identidad se realiza en el Estado son el Partido y las Corporaciones. El Partido es hoy el instrumento formidable y al mismo tiempo extremamente ramificado qué introduce al pueblo en la vida política general del Estado; la Corporación es la institución con la cual entra también en el Estado el mundo, hasta ahora extraño y desordenado, de la economía.” [Mussolini, 1984: 220].


Existe interrelación entre el Estado totalitario [que asume las energías, intereses y esperanzas del pueblo para transformarlas y potenciarlas [Mussolini, 1984: 145], el partido único [y las instituciones corporativas [Mussolini, 1984: 145].

El Partido. El Partido supone la disciplina política y permite que exista por encima de intereses encontrados un vinculo que una a todos en una fe común [Mussolini, 1984: 145].

En el fascismo, la totalidad que resulta de la identificación del Estado con la Nación [Ferrero, 1941: 191], puede desagregarse en un tríptico de valores vivos: la Nación, como valor material y pasivo; el Estado, como valor jurídico y activo; y el Partido, como Nación en cuanto masa de gregarios, y como Estado en cuanto funciones [Ferrero, 1941: 192].

En el estudio del partido único debemos abandonar todo concepto de partido político dentro de los regímenes liberales [Ferrero, 1941: 116], el fascismo si bien se convirtió en partido por necesidad tendía a totalizarse esto es a convertirse en el partido único de un Estado que de “un Estado” se convertía en “Estado Fascista” [Ferrero, 1941: 90]:

“Mussolini, años después de la creación, ha tenido afán por evitar la denominación de “partido”, ya que esta palabra implica la existencia de un todo fraccionado, o sea “partido”, y correlativamente la existencia de varios “partidos”; pero al final ella ha prevalecido sin mayores inconvenientes aun dentro de su irregularidad. Es que según cómo se mire, es exacta; lo es como concepto de fracción, pues el partido sólo es “totalitario en su modo de confundirse espiritualmente con la Nación [...] pero no en su extensión numérica”. Quizás sea oportuno recordar la frase conocida de Mussolini: ”El fascismo niega que el número, por el solo hecho de ser número, pueda dirigir a la sociedad humana; niega que ese numero pueda gobernar, por medio de una consulta periódica; afirma la desigualdad irremediable, fecunda y benéfica de los hombres, que no pueden volverse iguales por un hecho mecánico y extrínseco, tal como el sufragio universal”; este es un justificativo propio del concepto que ha venido a tomar la palabra “partido”. Guido Pighetti opina que antes de la marcha sobre Roma el Partido recibió este nombre porque debía luchar contra partidos; pero que después no se creyó ya oportuno cambiarlo, pues estaba arraigado en el pueblo. En definitiva, la concepción adoptada está de acuerdo con el concepto rector de la soberanía que ha adoptado el fascismo, al destruir el viejo principio de la “suma de los individuos”. Jonson, un teórico del fascismo americano dice así: “El fascismo representa una antítesis categórica y neta de la noción del Estado como suma simple de individuos y del concepto de soberanía como simple arbitrio de un agregado de voluntades.” [Ferrero, 1941: 90-91].


Mussolini e D'Annunzio
http://www.ilduce.net/Foto%20Duce/Galleria%20Benito%20Mussolini/56.jpg
Ultima visita: 21/12/2011


Las corporaciones. Implican la disciplina económica [Mussolini, 1984: 145]. El fascismo tiende al reconocimiento en la orbita del estado de las exigencias reales de los grupos haciéndolas valer en el sistema corporativo donde esos intereses se concilian en la unidad del Estado [Mussolini, 1933: 48] que así controla todas las fuerzas morales y económicas que obran en el seno de la nación [Mussolini, 1933: 46]:

“Nosotros hemos constituído el Estado corporativo y fascista, el Estado de la sociedad nacional, el Estado que concentra, controla, armoniza y modera al mismo tiempo los intereses de todas las clases sociales, que se ven protegidas igualmente.“ [Mussolini, 1933: 47].

Critica fascista de la democracia liberal. El fascismo recusa la concepción demócrata liberal del Estado [reducido a un mecanismo tutelar para salvaguardar el orden en la calle (Calderón Bouchet, 1985: 283)] y de la Sociedad [entendida con criterios cuantitativos (Calderón Bouchet, 1985: 282)] [5]. Su afirmación del Estado][6], le lleva a preguntar:

 “¿Dónde están las sombras de los Jules Simón, que en los albores del liberalismo proclamaban que “el Estado debe trabajar para hacerse inútil y para preparar su dimisión?”¿Dónde están las sombras de los Mac Culloch, que, en la segunda mitad del último siglo, afirmaban que el Estado debe guardarse de gobernar demasiado? ¿Y qué diría en vista de las intervenciones continuas, solicitadas e inevitables del Estado en los asuntos económicos, el ingles Bentham, según el cual la industria no hubiera debido pedir al Estado sino que le dejase la paz, o el alemán Humboldt, según el cual el Estado “ocioso” debe ser considerado el mejor? Es cierto que la segunda generación de los economistas liberales fue menos extremista que la Primera y que el mismo Smith abría la puerta -aunque prudentemente- a las intervenciones del Estado en el dominio económico.” [Mussolini, 1933: 34].

Para el fascismo el Estado:

“En el sentido clásico del término es la forma de la nación. El liberalismo burgués había separado el pueblo del Estado, la materia de la forma, pervirtiendo la realidad política en su verdadero sentido y encomendando al Estado la faena de policía armada al servicio de los poseedores.” [Calderón Bouchet, 1985: 301][7].

Para el fascismo los regímenes democráticos no atienden al hecho de que la desigualdad de los hombres [de el hombre real (Mussolini, 1933: 12)] que subyace al ciudadano constitucional [Ferrero, 1941: 110] no puede ser superada por un hecho mecánico, extrínseco y periódico como el sufragio universal [Mussolini, 1933: 25] con arreglo al cual asimilan el pueblo a la mayoría de los individuos [Mussolini, 1933: 13], es por eso que:

“Se pueden definir así los regímenes democráticos: son aquellos en los cuales se da al pueblo, de vez en cuando, la ilusión de ser soberanos, cuando la soberanía verdadera y efectiva reside en otras fuerzas, a veces irresponsables y secretas. La democracia es un régimen sin rey, pero con muy numerosos reyes, a veces más exclusivos, más tiránicos y más ruinosos que un solo rey que fuese un tirano.” [Mussolini, 1933: 25].

No obstante su posición, el fascismo no abandona totalmente el termino democracia, porque considera que el pueblo debe participar en la tarea política [Calderón Bouchet, 1985: 286]:

“El fascismo [...] es la forma más pura de la democracia. Por lo menos, si el pueblo es concebido, como debe serlo, en su aspecto cualitativo y no cuantitativo, [...].” [Mussolini, 1933: 13].

Ausiliarie di un Corso. La possibilità di concorrere allo sforzo bellico e alla resistenza contro l'invasione fu vissuta
dalle donne come un'ulteriore gradino della emancipazione sociale della donna da sempre promossa dal fascismo
http://www.italia-rsi.org/zzz/voltidellarsi/voltinellarsi.htm
Ultima visita: 21/12/2011
Critica fascista del socialismo pseudo científico, marxista y del Anarquismo. El fascismo niega dos principios que constituyen la base del socialismo seudo científico o marxista: el materialismo histórico y la lucha de clases [Mussolini, 1933: 23-25]:

“Visto desde este ángulo, el estatismo fascista es otra alternativa en la solución de la lucha de clases. Marx, en nombre del mesianismo de la clase proletaria, le confía la dictadura con una misión de redención. Mussolini quita a las clases su autonomía, no quiere conocer por su parte más que el ejercicio de funciones diferenciadas dentro de una comunidad única que está en las dimensiones de la nación.
«El principio esencial de la doctrina fascista —escribirá en el artículo Fascismo, que redactará él mismo para la Enciclopedia italiana— es la concepción del Estado, de su esencia, de su papel, de sus fines. Para el fascismo, el Estado es el absoluto ante el cual los individuos y los grupos no son más que lo relativo. Individuos y grupos no son concebibles más que dentro del Estado.” [Ploncard  D'assac, 1980: 132].

En relación al anarquismo y al socialismo, vease el texto de Mussolini, 1984: 207-208 citado por nosotros en El concepto de Fascismo en el contexto de la separación de Estado y Sociedad [Corrientes, 2011].

 
Bibliografía

Arvon, Henri 1971:
El Anarquismo.
Buenos Aires, ed. Paidos, trad. cast. de MaríaTeresa Cevasco, 1971.

Bianchi, Alberto B. 1996:
Panorama actual de la responsabilidad del Estado en el derecho comparado.
en La Ley, T.1996-A, Sec. Doctrina, pp.922-953

Calderón Bouchet, Rubén 1985:
Nacionalismo y Revolución.
Buenos Aires, ed. Librería Huemul, 1985

Ferrero, Haroldo H. A. 1941:
El Partido Nacional Fascista.
Universidad de Buenos Aires.
Facultad de Derecho y ciencias Sociales.
Investigaciones del Seminario de Ciencias Jurídicas y Sociales XXXV.
Régimen y Organización de los Partidos Políticos.
Buenos Aires, ed. Sección Publicaciones del Seminario de Ciencias Sociales y Jurídicas, 1941.

Llerena Amadeo, J. F. y Ventura, E. 1984:
El Orden Político.
Buenos Aires, ed. AZ, 1984.

Manoilesco, Mihail 1938:
El partido Único.
Zaragoza, ed. Heraldo de Aragón, trad. cast. de Luis Jordana de Pozas, 1939.

Molnar, Thomas 1975:
La Contrarrevolución.
Madrid, ed. Unión, trad. cast. de Benito Herrero, 1975.

Mussolini, Benito 1984:
El espíritu de la revolución fascista.
Buenos Aires, ed. Temas Contemporáneos, 1984.

Mussolini, Benito 1933:
El fascismo.
Buenos Aires, ed. Tor, trad. cast. de Gregorio Garcia Manchon, 1933.

Ploncard D'assac, Jacques 1980:
Doctrinas del Nacionalismo.
Buenos Aires, ed. Acervo, trad. cast de Carlos González Castresana, 1980.

Schapiro, Leonard 1981:
El Totalitarismo.
México, ed. Fondo de Cultura Económica, trad. cast. de Eduardo L. Suárez, 1981.

[1] Cf. Mussolini, 1984: 205.

[2] “Desde un punto de vista doctrinario general, para el fascismo el Estado coincide con la Nación; destruido el tradicional concepto de los entes políticos de dispar significación, no ha quedado para el fascismo sino una cosa apreciable: la totalidad. En ella, la Nación es la colectividad, y el Estado, también colectividad, lo es en su ordenamiento jurídico. “La totalidad” tiene, pues, dos aspectos. Vale decir: Nación y Estado son inmanentes de la “totalidad”, pero de ningún modo cosas distintas.” [Ferrero, 1941: 190-191].

[3] “Para nosotros los fascistas, el pueblo no es una abstracción política, sino una realidad viva y concreta.” [Mussolini, 1984: 205]

[4] Cf. Schapiro, 1981. En relación a los alcances del totalitarismo fascista escribe Calderón Bouchet:

“El Estado es totalitario. El termino ingresa por primera vez al vocabulario político de la época, pero en el ánimo de sus gestores no tuvo el sentido peyorativo adquirido más tarde en el de sus detractores. No se trataba de confirmar un proceso estatolátrico, convirtiendo al Estado en única y definitiva organización social. El Estado fascista no desconoció la existencia de comunidades intermedias, incluso las fomentó, pero trató de hacerlas concurrir sinérgicamente en la empresa nacional. El totalitarismo con su pretensión titánica de cambiar la naturaleza humana es producto del marxismo, no del fascismo.” [Calderón Bouchet, 1985: 302].

[5] “Frente a las doctrinas liberales, el fascismo está en un estado de oposición absoluta, así como en el dominio político y económico.” [Mussolini, 1933: 27].

[6] Cf. Mussolini, 1933: 32-33.

[7]“durante los años del régimen demoliberal, las masas obreras que miraban al Estado con desconfianza, estaban fuera del Estado, estaban contra él y lo consideraban como un enemigo de todos los días y de todas las horas [Mussolini, 1933: 13].